miércoles 28 de diciembre de 2011

La dieta mediterránea está en peligro de extinción


Nunca hubo tanta información sobre nutrición ni tantos problemas de obesidad y alimentación inadecuada. Crecen las enfermedades asociadas al estilo de vida y Europa se 'olvida' de la dieta mediterránea y se 'atiborra' a calorías. Mientras, África sufre una de las peores crisis alimentarias de la historia. Los expertos reunidos con motivo del XI Congreso de la Federación Europea de Sociedades de Nutrición, que se celebra esta semana en Madrid, han dibujado un panorama desolador, pero también han propuesto algunas posibles soluciones.

"No estamos manteniendo la dieta mediterránea, que corre un gran riesgo de perderse", asevera Ascensión Marcos, presidenta del congreso. El paradigma de la alimentación sana, rica en verduras y frutas, con el indispensable aceite de oliva, el pescado siempre a mano y parca en grasas se desvanece. España es ya el tercer país europeo con más obesidad infantil. Los colegios no nutren adecuadamente a los niños y sus padres tampoco constituyen el mejor modelo. "Se come a salto de mata, cuando podemos. El actual estrés y la actividad diaria nos impiden seguir una dieta equilibrada", se lamenta Alfredo Martínez, presidente del comité científico del congreso.

Y eso que nuestra sociedad occidental cuenta no sólo con los mejores productos de la dieta mediterránea, sino con los conocimientos más avanzados sobre lo que conviene comer según la edad, los alimentos funcionales más sofisticados y la posibilidad de realizar una dieta que contrarreste las enfermedades a las que nos predisponen los genes. Todos estos avances se expondrán en el congreso, sin olvidar los obstáculos que impiden que buena parte de la población se beneficie de ellos.

Precisamente, el cometido de Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición para la Salud y el Desarrollo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha sido narrar en qué punto se encuentran las medidas políticas y científicas encaminadas a mejorar los patrones dietéticos. La cruda realidad es que no van bien. Prueba de ello es que, en estos momentos, las patologías no transmisibles -como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares o la diabetes- constituyen la principal causa de muerte en la mayor parte del mundo.